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Ricky Martin deja su corazón en Madrid, sin espacio para el pánico terrorista

En una jornada negra por el atentado de Manchester, especialmente para quienes celebran cada día la música en vivo como experiencia de libertad, Ricky Martin -homosexual orgulloso y defensor del diálogo conciliador- ha irrumpido en Madrid sin recesos al pánico y espacio solo para el éxtasis pop.

 
No ha habido menciones directas en el concierto del músico puertorriqueño al ataque suicida perpetrado apenas 24 horas antes a la salida de un multitudinario show de Ariana Grande en Reino Unido, en el que han fallecido 22 personas, algunas de ellas menores de edad. Imposible era evitar a pesar de ello cierto estado de alerta en un evento de similares características, pero la normalidad que se espera de un acontecimiento festivo como este ha sido la nota dominante, salvo quizás por una mayor presencia policial y alguna que otra incidencia por entradas adquiridas en la reventa.
 
En esas inesperadas circunstancias, Martin ha iniciado el parón en su actual residencia en Las Vegas para abrir en el WiZink Center de Madrid, y ante unas 9.500 personas “de muy diversas procedencias” y banderas, el nuevo tramo europeo de su gira “One World Tour”, que le llevará a 11 ciudades españolas para ofrecer 12 conciertos, algunos con el aforo agotado. No ha sido así en la capital, pero casi, a pesar de que el músico ya recaló aquí con esta misma gira el pasado septiembre, entonces en el Palacio Vistalegre y con la mala acústica compartiendo protagonismo a partes iguales con la garra del artista.
 
Su último disco, “A quien quiera escuchar” (2015), sirve con solo tres cortes como mera excusa de un repertorio que se remonta a los primeros éxitos de su carrera, alarga la mano a “hits” recientes como “Vente pa’ca” y sorprende por su atención a discos intermedios más anodinos comercialmente como “Life”. Ricky Martin de traje negro y en las coordenadas más electrónicas y anglosajonas del evento, entre “Mr. Put It Down”, “This Is Good”, “Drop It on Me” y “Shake Your Bon-Bon”. Cuando ha llegado “Adrenalina”, el single que lanzó junto a Wisin, habían transcurrido solo 15 minutos y sin tiempo para el resuello se había despachado ya 5 canciones y uno de la decena de cambios de vestuario.
 
“He venido a dejar mi alma en este escenario; lo único que quiero es verte reír, bailar, cantar, olvidar todos los problemas en casa, en la escuela, en el trabajo y en el país, que seas libre por esta vez. ¿Podemos volar, Madrid?”, ha pedido en su primera alocución al público, antes de aflojar el ritmo con la balada “Tal vez”. El infalible “‘Livin’ la vida loca” ha sonado a continuación para inyectar rabiosa energía a su directo, seguido de los contagiosos vientos metales de “It’s alright” y una coreografía en la que, ataviado con falda, ha hecho fluir paradójicamente la testosterona.
 
 EFE / Fotografía: Google 
 

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